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Volver.

“Mi piel en silencio grita
Sácame de aquí
Mi piel en silencio grita
Oxígeno para respirar. Respirar…”

Hola, sí a ti. A tus ojos, esos ojos que están fijados en una pantalla mirando mi página. Lo primero de todo quiero disculparme por no haber publicado antes y agradecerte el que a veces hayas entrado con ganas de beberte algún texto nuevo e irte sin tu sed saciada.

Estoy aquí de nuevo y espero que por un largo periodo de tiempo.

¿No te ha pasado nunca? A veces perdemos las ganas, el tiempo, en otras cosas, en otros mundos, y así mismo pierde el sentido el resto. No estoy aquí para justificarme, pero si para explicarte que esto sólo ha sido un punto y seguido, y que además tengo muchas balas para disparar. Balas cargadas de energía, de positivismo y de un nuevo Yo que creía tener olvidado.

No solo he recuperado las fuerzas que un día perdí, sino que tengo más, muchas más. Traigo conmigo algo más que recuerdos para el que quiera sentarse y escuchar a la luz de algún candil mal encendido bajo la sombra de mi mirada. Dejo el corazón bien guardado en una caja, vigilado por deseos continuos de querer ser mejor cada día, y  sé a ciencia cierta que aquellos que lo cuidan, sus dueños, no se olvidará de regarlo cada día, ni dejarán de admirar la belleza de las amapolas que en él florecen cada mañana.

También sé lo que tengo, lo que soy. Y a donde quiero que lleguen mis pasos. He revisado todas mis huellas. Me he asegurado de que sigo viviendo la vida en mayúsculas, he sentido como el viento borraba mis lágrimas hasta lanzarlas sin billete de vuelta hacia la inmensidad del océano. Como una melodía, tocada en el preciso momento, puede ser la más inmensa declaración de libertad. Cómo las agujas desgarraban mi cuerpo hasta dejar algunos tatuajes sobre la superficie de mi cuerpo. Y algunos otros en lo más hondo de él.

He visto amanecer en compañía de mi soledad, en compañía de mi vida. Y la he cogido del hombro, como dos buenas amigas que se reencuentran después de largos años. He visto como dos corazones se fundían en uno al compás de una sola respiración, jadeante, arrítmica, pero una. Como las drogas recorrían mi cuerpo hasta mezclarme en un estallido de luces, color y música. Como mi pelo volvía a crecer, como unos ojos me amaban y desquerían a partes iguales.

He visto como suaves lágrimas recorrían mi rostro mientras unos labios sellaban un pacto con mi cuello. He corrido, he gritado al mundo mi nombre. He vibrado con una sola nota, he compartido, he amanecido en unos brazo y anochecido en otros. He saltado de alegría, he robado palabras, he elegido. He bailado hasta no sentir ninguna extremidad, he brindado por los que se fueron y por los que vendrán.

He besado pocas veces a uno y muchas a otro.

He reclamado mi parte del pacto, he dejado el corazón en casa. He vuelto corriendo a cogerlo. He sido buena, he sido mala.

He sido yo.

Me he quedado sin aliento. He aprendido que lo más horrible es una vida no vivida, y que cada día es un muro en blanco en el que soltar brochazos. Que el tiempo no se pierde, se gana. Que seguiré perdiéndome entre mil mares, aun sabiendo donde está mi puerto.

No seré libre, pero ya nada me ata.

He corrido hasta llegar a aquel paso de peatones y sentarme a respirar, a admirar a aquellos que un día se atrevieron a cruzarlo. Que uno vive lo que decide vivir. Que las mañanas de domingo son mías, nada más.

He depositado un trozo de mi alma en aquellos que aparecieron de la nada, con el único objetivo de hacerme feliz. He visto arte, música, poesía en una sola persona, en un solo cuerpo.

He visto girar las manecillas del reloj de la plaza al ritmo de mi vida. Entonces me he acordado de aquella muerta en vida, aquella que un día perdió su fe en la música, su fe en el arte, su fe en la vida. Y he sonreído. He sonreído como probablemente no lo haya hecho nunca. Porque si estoy enamorada, por encima de todo, estoy enamorada de mí. Y pienso seguir dándome todo el amor que un día me negué, todas las caricias que un día me fueron arrebatas, todos los despertares que comenzaban con cuentas atrás hasta la noche, toda la vida que decidí matar.

He vuelto, a mejor o a peor, pero aquí estoy. Tengo las cosas mucho más claras. Soy audaz y fuerte y estoy hecha solo a mi voluntad.Estoy preparada para seguir viviendo.

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