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Vendaval

"No es lo mismo estar en paz un rato viendo el alba que 
siempre bajo cualquier circunstancia. Creo que a eso hay que aspirar"
 

Justo anoche un buen amigo me mencionó esa frase y me trastocó mis planes, me hizo pararme, y pensar. Creo en las casualidades, en las maravillosas casualidades de la vida. Creo en el destino y en el que todo pasa por algo. Creo en la distancia y me creo lo verdadero, lo que se muestra de forma transparente ante mis ojos.

Hacía tiempo que no me pasaba, hacía tiempo que no me empujaban y me daban un toque de atención para replantearme todos mis esquemas. También hacía tiempo que no se escurrían las horas entre mis manos, y dirigidas por mis dedos entrelazaban una bonita conversación, llena de vida, ganas y espíritu.

Yo que soy muy hermética y que me adapto al cambio, a las situaciones. Yo que por el contrario no creo en lo estático y que la rutina me aburre. Yo he de empezar a asumir que mi vida estará teñida por siempre de un melodramatísmo con aires melancólicos. Una vez me dijeron que nunca pertenecería a nadie completamente, tampoco a un lugar ni tendría una casa, y puede que sea cierto. No me considero un espíritu libre, pero conozco mis ilimitaciones. Desear pertenecer a alguien o algo no ha hecho mas que coserme dos grandes alas a la espalda, y no hay manos o miradas que consigan arrancarlas. Sentir que lo has perdido todo, aunque no sea más que una mera ilusión producto de tu corazón, te concede un poder extraordinario de conciencia real. La realidad se brinda ante ti como una alfombra roja sobre la que caminar, sobre la que pararte a descansar y observar, absorber, abarcar cada uno de sus rincones tan solo con rozarlos con las yemas de los dedos.

Cuando ya no tienes nada que perder, sí: eres libre. El mundo se plantea como un territorio explorable, no hostil.

 

Esto no es una simple canción.

 

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