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Ser lo que eres.

 

"No necesitas a nadie que te diga quién eres o qué eres. 
Tú eres lo que eres" -John Lennon

Por primera vez no me estaban preguntando quién soy, sino qué soy.
Al principio no lo entendí. Después comprendí que se pueden ser muchas cosas.

Soy una anciana porque entre cafés y partidas de cartas he aprendido a conocer a las personas y a aceptar que te importa quien te aporta, que la vida sí que es corta, pero que las cosas siempre acaban por llegar.

Soy bombera porque donde hay fuego ahí estoy yo y si la ocasión lo merece tardo menos de cinco minutos en llegar. Y no, todavía no me he hecho pis en la cama.

Soy un mujer madura porque un buen día de otoño me hablaste claro y fue entonces cuando empezamos a entendernos de verdad.

Soy una mujer porque fui Cum Laude en indirectas directas y saqué matrícula de honor esperando a que hicieras lo que yo quería que hicieras pero que tú no sabías que tenías que hacer.

Soy un niño porque culo veo culo quiero y si me quitan lo mío me arranco por pataletas hasta que nos den las diez y las once. Las doce, la una, las dos y las tres…

Soy un perro porque hace mucho aprendí que lo mejor que puede tener un ser humano es la lealtad. Lo aprendí, y me prometí regir mis valores basándome en eso. Y lo intento.

Soy una extraña porque a veces no tengo el valor de mirarte a la cara, pero si quiero te sostengo la mirada y cambiamos la historia.

Soy una avispa de mar, porque aun siendo transparente si me lo propongo puedo ser letal, dame media hora y estás fuera . A veces lo hago hasta sin querer.

Si quiero soy lo que tú quieras que sea, y si soy algo espero ser lo que querías.
Pero sólo si quiero.

Soy las veces que le diste vueltas a aquel mechón de pelo en un acto reflejo porque estabas nerviosa.

Soy el brillo que le sacaste a tus zapatos aquel jueves por la noche, antes de salir de casa, por si alguna señorita perdía su espejo de bolsillo y no sabía dónde mirarse.

Soy el cuaderno del fondo del cajón, aquel en el que escribiste todo eso que ahora vuelves a leer mientras te preguntas cómo pudiste. Pero el caso es que pudiste. Y está escrito.

Soy el tacón de tus zapatos porque sí, es verdad que a veces duelo, pero lo que sientes ahí arriba vale el precio de cualquier dolor.

Soy lo peor que te pudo pasar, pero me voy siendo consciente de que sólo duele quien importa y que quien importa es quien fue algo alguna vez. Eso, seguro.

Soy un lunes que cedió al chantaje de un viernes y tengo comprados a los demás días de la semana, sólo para hacerte un poco más feliz, un poco menos domingo.

Soy trapecista porque siempre ando en la cuerda floja y hace tiempo se me rompieron el pedal del freno y el botón de balance y me di cuenta de lo difícil que es entender el color gris.

Soy las dos mitades que dicen que hay en todo en la vida, porque un día me partí en dos y comprendí que en todo lo malo hay algo bueno y que en todo lo bueno hay algo malo. Sí, en todo.

Soy un lunes a las ocho de mañana con complejo de sábado a las doce de la noche y me da igual lo que me digan porque aquí las normas las pongo yo.

Soy un post-it porque en mí escribiste aquello de lo que querías acordarte y yo prometí no olvidarme de cómo empezó todo, porque esa es la manera de conseguir que las cosas nunca acaben.

Soy el papel que envolvía el regalo y por supuesto alteré los factores del producto. Por supuesto que nos enamoramos del mundo de las personas y no sólo de ellas.

Soy un burro con arrancada de caballo y siempre me embalo aunque sepa que tendré que pedir perdón.

Soy el hielo del fondo del vaso, el único que no se deshace del todo y que acabas mordiendo hasta que te duelen las muelas.

Soy las botas viejas del fondo del armario que siempre vuelves a ponerte cuando se te rompen las nuevas, porque tú y yo sabemos que me hicieron de otra pasta y que por mi no pasa el tiempo.

Soy lo que te prometiste que nunca harías o dirías pero que acabaste diciendo y haciendo tras un par de copas. Molesto a la mañana siguiente, pero cuando cae la noche me convierto en la mejor de las ideas.

Soy del siglo pasado porque todavía creo en las faldas que pasan primero, en las corbatas que dejan salir antes de entrar y en los buenos días, por favores y gracias. Ni que decir de un usted…

Soy el vaho en los cristales del coche cuando tú decides dejarte querer y los portazos que pegas cuando te enfadas.

Soy tus dos minutos de rebote y tu rabia cada vez que sabes que no tienes razón y se te olvida que a veces el silencio hace más ruido que un grito.

Soy todas la veces que rezaste para que pasase algo que acabó pasando justo cuando paraste de hacerlo. Las cosas sólo llegan tarde cuando hay alguien esperando por ellas.

Soy arena, porque a mi también me tuvieron que recoger con pala alguna vez y me convertí en cristal cuando me partió uno de esos rayos que caen dos veces en el mismo sitio. Trueno incluido.

Soy el 0,5 que fuiste a reclamar sin esperanza alguna y que acabó cambiándote los planes del verano. Y del invierno. Y de la vida.

Soy el único propósito mantenido un año después de las doce campanadas con sus doce uvas y el corcho que rebotó contra el techo porque había algo que celebrar.

Soy lo que soy.
Y eso, es algo aún no puedo explicar.

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