Arriba

Para aprender,perder.

"Nada está perdido si se tiene 
el valor de proclamar 
que todo está perdido 
y hay que empezar de nuevo".

¿Qué se siente cuando tienes frente a ti un fin de semana cargado de cosas buenas ?

Al igual que hay gente que espera con ansias este momento y es muy feliz, habrá gente que se encuentre en una situación totalmente contraria. Pase lo que pase hay que tratar de ser positivos.

Algunos tenemos la suerte de ser positivos por definición porque nacimos proponiendo un soplo de aire fresco al día a día que nos envuelve. Así que si proponemos sonrisas, canciones, fotografías, compartimos energía y alegría mientras aprendemos unos de otros, cómo enfrentarnos al mundo o cómo entender esta vida que nos lleva transitando entre años todo será más fácil. Hasta a los días amargos se les podrá dar la vuelta.

Quiero ser sincera, porque no somos los mejores, ni mucho menos, no siempre ganamos, ni podemos ver en todo momento el lado brillante de las cosas, ése que nos acompaña juguetón entre silbido y silbido. No, también perdemos, y mucho, en ocasiones demasiado, también salimos derrotados de más de una y de dos batallas, pero aun así no  dejamos de seguir avanzando y construyendo, nos levantamos y volvemos a empezar.

Porque, en realidad, perder sí es una opción.

De niña tuve un profesor que me castigaba cuando fallaba un número de la tabla de multiplicar; quién perdía o más bien se equivocaba, se quedaba castigado un recreo entero cantando todos los números. Apenas reflexionábamos sobre el por qué del error. Esa era la realidad, no aprendías a perder, temías perder.

Pero en este momento de mi vida, tal vez sea, porque llevo unos meses de reflexión muy intensa sobre modelos de liderazgo, aprendizaje o gestión del talento, cada vez me doy más cuenta de lo importante que es valorar en su justa medida la derrota y, sobre todo, las lecciones que se sacan de ella.

Y es que lo importante no es aprender a perder. Lo que cuenta no es ese “saber perder” que tantas veces nos han inculcado, ni tampoco “levantarse después de la derrota” así, sin más. Todo eso son frases que visten cualquier libro de auto ayuda, pero en realidad no tienen sentido si no van acompañadas de acción, de algo que realmente nos empuje adelante, de una lección aprendida, incorporada a nuestra realidad.

¿Dejar atrás la derrota, sin más? ¿Pensar que ha sido un accidente? No, es necesario asumir que todo lo que hacemos, con o sin éxito, influye en lo que somos, y en lo que son los que nos rodean. Es necesario aceptar que si nos equivocamos y no comprendemos los motivos del error, si sólo lo abandonamos en el pasado sin buscar el porqué, el cómo, el qué, no habremos comprendido de qué va esto, de qué va la vida. Porque la derrota forma, nos guste o no, parte de ella.

Se puede perder un partido de fútbol. Se puede perder o suspender una oposición. Se puede ver cómo pasa de largo una oportunidad. Se puede quedar segundo en una carrera. Se puede ver como un sueño se aplaza una y otra vez. Se pueden vender menos libros de los esperados. Todo eso y mucho más es perfectamente posible. Y mañana todo empezará de nuevo. Y tendremos tres opciones, o nos dejamos perseguir por la suma de esas derrotas, o seguimos donde lo dejamos como si aquello no hubiera existido, o cogemos lo aprendido en la derrota, lo aplicamos, mejoramos, y volvemos a empezar.

Yo tengo clara mi opción… muy clara.

Os regalo un vídeo de esos que arañan por dentro, del cuerpo y la mente, y por minutos nos recuerda lo bonito que es vivir, a pesar de que a veces se nos olvide.

¿Quieres opinar?