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La constancia

​Eres inexperto, imperfecto, torpe. Acéptalo. No es tarea fácil, pero cuando lo aceptes, todo resultará más divertido. Eres torpe porque a lo largo de tu vida te caerás una y mil veces. Tropezarás con la misma piedra hasta que ella, por aburrimiento se volatilice. Te engañarán cientos de veces y darás oportunidades inmerecidas a esas personas que por tu afán, son como solo tú crees que son. A pesar de tener una verruga en la cara con tres pelos. Eres inexperto. Nunca llevarás el tiempo suficiente como para decir que estás preparado. Siempre aprendes algo nuevo, descubres formas de hacerlo mejor. Aprendes capitales que no sabías que existían y en tu trabajo, cada día aprendes a ser más eficaz. Tus pasos te dan experiencia, te enseñan tus errores y se convierten en los mejores maestros de tu vida. Y eres imperfecto. Tremendamente imperfecto. Y eso amigo mío, te hace irresistiblemente especial. ¿Y sabes una cosa? Lo único que te hará avanzar en tu camino será la constancia. La constancia de querer hacerlo, de levantarte cada mañana antes de que el sol abra los ojos y empieces tu día con fuerza y determinación. La constancia de que cada día perfecciones tus dones, tus maneras y modales, tu forma de conseguir eso por lo que hoy luchas. Solo si eres constante alcanzarás el éxito. Todo depende de las ganas que le pongas a la vida y la determinación con la que afrontes cualquier situación que se te presente. ¿A qué la cosa cambia mucho? Imagínate cómo podrían cambiar los resultados a partir de ahora. La constancia trae consigo al éxito. Hablo de un éxito que te hace feliz. Hablo del éxito que te hace decir “lo conseguí”. Y cuando lo consigas, hazlo de nuevo. Pero esta vez hazlo mejor y sé más constante.

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