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Grupos

"En el canto sincero pieles y vidas son un coro pleno
 Hacen que seamos una voz que mueva al mundo entero"

¡Hey tú! ¿Quién eres?

Y no me contestes lo que pone en tu DNI. Lo que figura allí escrito es lo que alguien decidió por ti, jamás tomaste la decisión de cual sería tu ciudad de nacimiento, no escogiste tu nombre y por supuesto, no escogiste nacer. Por lo tanto, empezamos la vida con una decisión impuesta, empezamos siendo lo que otro quiere y por suerte o por desgracia, eso no puede modificarse.

Crecemos con una familia, vamos al parvulario, escuela de educación primaria y escuela de educación secundaria, a menudo decisiones que se toman sin tenerte en cuenta: nadie tiene en cuenta qué te gusta hacer ni como eres. Nuestros padres tienden a imponernos una forma de vestir y una forma de peinarnos que nos lleva a ser un fantástico clon de la mayor parte de la población mundial. Esto no se dice, esto no se toca, esto no se hace. Evidentemente cuando somos pequeños no podemos rebelarnos contra esto porque para empezar, prácticamente no somos conscientes de nosotros mismos, pero todo esto va acumulándose. Acabados los estudios obligatorios, a menudo sigue sin ser decisión nuestra qué ciclo o carrera vamos a estudiar. Nos parece que no es así, pero en realidad pasamos más de dieciocho años viviendo bajo el influjo de familiares y conocidos, que inconsciente o conscientemente guían nuestras decisiones, esas decisiones que creemos tomar de forma totalmente libre.

Llega el momento de enfrentarnos al mundo, a la sociedad que nos rodea. Si nos fijamos en la gente que va andando por la calle, o mejor aún, los pasajeros de un tren (tendremos más tiempo para analizar), podemos escoger perfectamente a un individuo y utilizarlo como muestra para representar a casi el 95% del vagón: ese individuo será alguien con una profesión corriente, que vivirá una vida mediocre e irá vestido con el típico traje o la típica combinación que podemos encontrar en cualquier tienda de ropa de moda. Si nos fijamos más, probablemente seamos capaces de detectar alguien “diferente”. Sea por la pose, peinado, la manera de hablar y gesticular o por tipo de ropa, seguramente ese alguien acabe por llamarnos la atención.

El primer individuo será el perfecto estereotipo de la sociedad occidental y probablemente ni siquiera sabrá porqué hace lo que hace y mucho menos sabrá quién es. El segundo sujeto posiblemente sí conocerá la respuesta a estas preguntas.

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¿Dónde está la diferencia? ¿Por qué hay gente que es diferente y excéntrica? Hay muchas respuestas para esta pregunta, pero me atrevo a decir que es porqué se atrevió a cuestionar y enfrentarse a todo lo que le rodeaba en búsqueda de lo que le hace sentir bien y de quien es en realidad. Y tú… ¿A qué grupo perteneces? ¿ Al que acata lo que viene dado sin cuestionarlo, que se conforma con la confortable mediocridad o al grupo que no acepta nada que no vaya consigo mismo?

A nivel personal, me identifico con el segundo grupo. Prefiero ser una rebelde incomprendida que avanza a menudo a contracorriente pero que sabe quien es y qué quiere que no un ser aceptado e integrado completamente en la sociedad pero que no está seguro de nada ni arriesga cuando es necesario. Unos se pasan la vida dando pasos siempre sobre terreno que es seguro y firme (eso creen) y los otros, constantemente haciendo equilibrios sobre una cuerda floja. Posiblemente los que de la cuerda floja caerán más de una vez de bruces al suelo, pero siempre encontrarán la forma de volverse a subir a la cuerda, una y otra vez. Los demás, en el preciso instante en el que su “firme” suelo se tambalee, serán incapaces de encontrar una solución que vaya más allá de la autoculpabilidad y del “¿porque a mi?”

No estoy diciendo que todo aquél que pertenece al primer grupo sea alguien infeliz o desgraciado, igual para ellos ese es el tipo de vida ideal, pero desde luego, no lo es para mi.

 

  • Julián

    Nos guste o no somos criados como los obreros de los libros como Brave New World o 1984; Estamos en un sistema del que no podemos salir, casi siempre creemos que no podemos salir porque así fuimos enseñados, como en una cadena de producción, para seguir alimentando la cadena de producción, nos hacen creer que vivir fuera del sistema no es viable, o es horrible.
    Nos dan pequeños placeres para que sigamos por esta vía, el sistema está tan bien implementado que estos placeres los adquirimos a multinacionales que perpetúan el sistema.
    Circunscribimos a las mujeres a cuidar a los niños, o el sistema las engaña haciendoles creer que ahora que trabajan son más libres; por el contrario, ahora crían a los niños y trabajan, teniendo menos tiempo para ellas mismas y para ser parte integral de la sociedad, pero no con los mismos derechos que los hombres, por los derechos de los hombres son también explotadores, sino junto a los hombres buscando la emancipación de este sistema de explotación.
    En los años de “rebelión”, principalmente, consumimos drogas que, para colmo, no sabemos utilizar y siempre, en busca del placer inmediato, usamos con fines recreativos exclusivamente. Estas drogas son perseguidas porque así esta persecución genera dividendos…
    La educación junta a los niños por edades y a todos les enseña lo mismo, como si todos tuvieran las mismas capacidades, las mismas inquietudes o las mismas energías, y los meten en una caja a los que les enseñan a todos lo mismo, para después ser evaluados numéricamente, en relación a cuán bien supieron “memorizar” lo enseñado…
    Hay mil ejemplos de por qué hacemos lo que hacemos y por qué todos seguimos el mismo camino, pero ya me fuí bastante por las ramas.
    Somos hormigas obreras nacidas y criadas para perpetuar el sistema económico.
    Hay que salir para aprender con los sentidos lo que toda la vida nos enseñaron con libros, yo creo que es una necesidad romper con el sistema para buscar la plenitud que nos vedan. Es necesario para el desarrollo de la humanidad, aunque nos quieran convencer que la única evolución que necesitamos es científica.

    Enero 8, 2015 at 8:04 pm Responder

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